4.20.2017

Viudas serias y gente de bien



"...Que el Señor devuelva a toda viuda (no solo a ellas) la alegría de vivir y le imbuya de la noción de bien común. Que el Diablo confunda a los politicastros que les azuzan y subvencionan. Y, un día sí y otro no, invocan a Santiago matamoros en sus cruzadas culturales. Que el Maligno les acoja a todos ellos en el infierno por haber convertido (el Camino de) Santiago en un parque temático a mayor gloria de las huestes infieles de Paulo Coelho y las legiones vigoréxicas de Decathlon. Que los jueces que tramitan sus denuncias sean enviados al Purgatorio, hasta que atiendan a las viudas que sufren pobreza energética y otras consecuencias de su nula empatía con quien sufre. Que los equipos políticos acosados muestren más audacia y alegría nunca. Que no dejen llevar al matadero a sus más osados gestores. Sí, ni una sola ordalía más como la del Matadoiro en Compostela. Un caso, entre otros muchos, donde la ignorancia y la mala fe de la prensa del pesebre y el minifundismo político abortaron el desarrollo de la autogestión cultural."

http://blogs.publico.es/dominiopublico/19489/viudas-serias-y-gente-de-bien/

27 Mar 2017, de Víctor Sampedro.
D.

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Cruzo las montañas entre rocas, copas de árboles y veredas húmedas, y llego al llano brumoso mecido por un tren que despacito me está devolviendo a mi mundo. Ojeo perezoso en mi ordenador viejas películas... "Vivir su vida", me dice: "Hay que prestarse a los demás, y darse a uno mismo". Mis ojos se cierran. Me duele amar. Me duele estar. Abrir puertas, cruzar umbrales. Me duele enamorarme en milésimas de segundo. Batir todos los records mundiales de ojos, cuellos, dedos, de noches en vela. Luego, ella. Ella apoyada en la barandilla de una escalera que es como una cicatriz en la que cae atrapado un joven ebrio. Y el pobrecillo, no sabe salir, no pide ayuda, no se queja, no sabe que hacer, como si vivir atrapado, confundido y sin salida fuera nuestro sino. Ella, mientras contemplamos esos movimientos como dos científicos un ratón de laboratorio, me dice que esa cicatriz duele, y duele más saber que era noche oscura y aún no es del todo de día. Eso me turba y me duele el estómago. Ya sé que su piel, sus heridas, son su dolor también. Me mareo, soy ese borracho que no puede salir de esa escalera de caracol que le lleva siempre de vuelta. Amar duele. Duele, duelo. Mi duelo.
D.

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