La Arcadia

by Tina Paterson on 9.09.2013



Estoy en la Arcadia. Lo constato tras fijarme con atención en todas las vallas de obra o cajetines de la luz pintados a mano con motivos florales o paisajes kitsch por la municipalidad de Taipéi.

Taiwán es un lugar imaginario. Región del planeta extraña que se define por su ritmo pausado, la búsqueda de la belleza y la profundidad de los conflictos. Una isla tan bella como contradictoria, donde Ulises podría perderse para no volver jamás a Ítaca. Uno de los países mas ricos del mundo y no puede competir oficialmente en las olimpiadas.

Taiwán encierra un pasado del que todos sus habitantes quieren huir. No me extraña, medio país (principalmente la gente mayor o los dinosaurios) aspiran aún hoy en día, recuperar la China continental que afirman ser suya. Como si Goliat no estuviese esperando con una cachiporra para darle en todos los morros a este David asiático pleno de orgullo y soberbia.

Sus habitantes desarrollados, educados y formados como si fueran suecos, soportan estoicamente que su terruño se confunda con Tailandia, con Corea o, incluso, con ¡China! Son una isla demasiado pequeña, un identidad demasiado compleja que hace que su pasaporte se vaya difuminando poco a poco con el paso del tiempo, como la foto de familia de los McFly de "Regreso al futuro". Hoy, cada vez menos países les reconocen como estado propio.

Mientras el mundo les ignora, los taiwaneses construyen su arrealidad sobre la paradoja de su pasado y su peculiar visión de un mundo basado en la estética, la sabiduría y el respeto. Increíble.

Taiwán es un país de belleza humana (posiblemente la gente más amable del mundo) que flota sobre el lodazal de un planeta que es cada vez más un lugar lúgubre y mediocre. Una arcadia de habitantes perfectos, donde los extranjeros llamamos la atención por escasos, raros y perdedores, así nos llaman. Visitantes ajenos condenados a una vida miserable, sobrellevada por el espectáculo del tanta belleza y perfección.

Taiwán es el país perfecto. Salvo, por el pequeño defecto, de que Taiwán no existe.
D.