Menú de día

by Tina Paterson on 10.01.2010



Me resulta difícil en medio de la polarización de estos días, de la ingratitud que he vivido y de lo cutre que es este país, ponerme de parte de algún lado en esta huelga. Me sumo, quizá, a aquellos que no tenemos ganas de que nos engañen y esperamos seguir teniendo un futuro digno.

Durante la huelga, que secundé, reflexioné extrañamente sobre una situación que es parte insólita de mi vida:

Por puro azar, almuerzo diariamente en un pequeño bar de los que aquí se llaman "de taxistas". Ruidoso, lleno de humo, incómodo, lleno de parroquianos despotricantes contra ZP, los gays, el barça,... ya saben la fauna madrileña. Hasta ahí, ningún problema. Lo curioso, es el jefe de esa parroquia, un tipo carismático lleno de energía que igual la reparte de un lado a otro de la barra, invita, grita, insulta, pontifica,... Un personaje.

Curiosamente, aquel hombre cada día me prepara un menú a la medida. Mientras los demás sufren su bocadillos, a mi me da "de comer"... Algunos almuerzos son en la barra codo con codo con su madre, una venerable señora de 70 años, y su sobrina. De hecho, me siento como de la familia.

Una vez, mientras sorbía una sopa de fideos al lado de un grupo de oficinistas panzones que discutían sobre la actualidad de la pena de muerte, pensé en que el dueño de ese bar, hombre menudo y capaz, tenía pinta de capitán de regulares: activo, con mando,... Soñé que en medio del frente de Ebro, nuestro regimiento de milicianos republicanos caíamos en manos de su batallón y que antes de fusilarnos a todos por rojos, me salvaba la vida, por que claro, antes de la guerra me daba de comer como si fuera su hijo...

¡Me desperté! En mi sueño aquel hombre representaba la derecha pura, ora capitanes, ora verdugos, ora esbirros del poder... Me asusté.

Claro que mi sueño tenía un problema de anacronismo brutal, ni estábamos en el 1939, ni había un guerra civil, ¿o sí?
D.