Ciencia Ficción

by Tina Paterson on 10.18.2010



Cristina Blanco ha acabado de construir una pieza que, en su aparente sencillez, se trata de lo más sofisticado que se puede ver ahora mismo en la escena de estos lares.

Ciencia ficción, en una sola sentada, es al mismo tiempo: un torneo de saber, una conferencia, una clase, una sesión de magia (donde se ve el truco), un concierto, un espectáculo que son muchos que no son (todavía), una noche de comida thai en el piso de los chicos de Big Bang Theory,... Es, en definitiva, un buen rato para reflexionar sobre los diversos modos de estar en escena y de acercarse a esa cosa que es la performance contemporánea.

Y eso que a muchos no les es fácil pasar de la perplejidad al goce tan rápido. Yo si, yo era feliz. Pocas veces en escena jugetean con un palito de caramelo dentro de nuestros cerebros, pocas veces nos hacen empatizar con el conocimiento, nos enseñan, nos hacen mejores.

Cristina Blanco ha llevado hasta el final la decisión de hacer un pieza sobre la ciencia a pesar de su falta de conocimiento sobre el tema. Como artista se convierte a sí misma en un encargo. Su propio proyecto, sus objetivos, su desarrollo, sus primeras conclusiones, etc., están en siempre a la luz. Y así comprendemos como al abrir el proceso de creación a los demás, vía su blog, instantáneamente le surgieron mil posibilidades de desarrollo futuro, como si de un experimento científico se tratase. Como todos opinaban, todos podían estar en el proceso de gestación (¿he dicho todos?). Y es en ese momento, cuando Cristina, que es de una generación de artistas que se muestran perplejos ante los corsés teatrales, deja de investigar con su bata blanca, y se pone a cantar. Y como canta.

Asistimos, en directo, al final del teatro plástico, físico o textual y nos adentramos en la verdad del teatro del mañana: el de la unificación de lo fragmentario.

Quede también aquí otra moraleja: el teatro, lo mires como lo mires, es un invento y todos somos estupendos.
D.