Mirar

by Tina Paterson on 2.10.2010



Desde hace años los diferentes gobiernos que han ocupado la alcaldía de Madrid han intentado atajar La cuestión de Lavapiés. Barrio rebelde a la gentrificación, nido de inmigrantes, infraviviendas, exclusión social, es decir: de pobres. Claro, un barrio tan chusco enmedio del casco antiguo de tu propia ciudad, a pocas calles de la mismísima alcaldía, no podía ser.

A pesar de lo cerquita que queda su lugar de trabajo de la plaza de Lavapiés, los diversos gobernantes de la villa no han tenido ha gala (ocupados en otras inauguraciones) de pasarse por el barrio ha echarse unas cañas, e intentar imponer soluciones utópicas para atajar la susodicha cuestión.

¿Utopías? Quién se acuerda ya de aquella alameda enmedio del corazón lavapiesino. Nadie se pregunta lo bien que les hubiese venido a los vecinos los millones del CDN, más aún cuando no tienen polideportivo, escuela infantil o el centro de salud (como todos) da asco. Los vecinos mientras inauguraban ese pedazo de Circo, vivieron un montón de planes para rehabilitar que ocultaban, mira tú por dónde, especuladores de todo pelaje que hicieron algo sí, subir estrepitosamente el precio de la vivienda. Haciendo más pobres a los pobres.
¡Qué lástima!, no han podido ser, el barrio sigue siendo una caquita, un nido de delincuentes, de islamistas radicales y de antisistemas.

Ahora de nuevo, tras tantos intentos fallidos, el gobernante melancólico mira en la distancia al barrio, a pesar de estar muy cerquita. Contempla, a través de unas camaritas, la vida de la gente de ese barrio rebelde.
Y como a unos hijos adolescentes, no les entiende, pero por fin, en privado, está cerca de ellos.
Con sus ojitos que todo lo ven.
D.