Normandía

by Tina Paterson on 9.25.2009


Habito en una extrañeza. Escucho los pájaros piar, atisbo un poco de luz y ya sé que amanece en Madrid. Aún así, sigo con fuerza pegado a esta historia increíble.

Todo empezó con Robert Capa, con su viaje en las lanchas de desembarco hacia uno de los mataderos de la historia. Su salto al agua, sus ganas de protegerse, de vivir, de fotografiar el horror. 6.000 soldados murieron en ese lugar y él descendió también, armado sólo con una cámara de fotos. Estuvo allí.

Masacres. En la historia de todos los ejércitos, en todas ellas, siempre hay un fracaso. Una matanza inútil, trágica. Revisada como regeneradora: Verdún, Somme, Galipolli, Monte Arruit, ... En ellas, miles de soldados son enviados a una muerte segura. Todo falla: los acontecimientos, los oficiales, ... Miles y miles de muertos en una sola mañana. En un ratito, una generación mermanda. Y eso que curiosamente, las cifras de la Gran Guerra palidecen con las de la Segunda Guerra Mundial.

En este caso los soldados norteamericanos acabaron ganando las playas de Normandía denominadas: Utah y Omaha. La mayoría murieron sólo al llegar a sus orilla. Pero, la oleada fue tan grande que acabaron por tomarlas.

La guerra eterna se acabó pocos años después y dejó 50 millones de muertos. Pero, el record de muerte aún lo posée la gripe del 1918 que mató a 100 millones. Fue una huida hacia adelante, de la que sólo se esperaba que alguien un feliz día declarase su final. Que el choque, se detuviese definitivamente. Queda el hecho de que esta encrucijada de la historia quizá sea unos de los pocos momentos de verdad de la historia. Fue un instante atroz, pero asombrosamente importante.

Quizá, últimamente en esta época en la que siento tan frágil la realidad y la certezas, me interese tanto.
D.