Llegó.
Como un regalo de la mano de un amigo.
Con un beso, real, y una dedicatoria emotiva.
Me sentí extrañamente orgulloso. Un sentimiento raro, pero gozosamente familiar.
Me sentí orgulloso por ella.
Me di cuenta de este hecho, y entendí algo más sobre mi vida:
Sólo soy mejor, cuando lo que me rodea es un poco mejor.
Y como siempre, veinticinco segundos desincronizado.
D.
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