The Singermornings

by Tina Paterson on 5.23.2012



Parece un deporte global meterse con artistas tipo Damien Hirst. Respetados más o menos en su país de origen, su obra arrastra a los compradores y a las masas de amantes del arte, como vi ayer tarde en la inauguración de su nueva expo en la White Cube en el sur de Londres. Megagalería privada que cual ovni se posa en los barrios marginales, como una estrategia más de las políticas de gentrificación en estos preolímpicos tiempos. Como muestra un botón: los bares de esta zona hace años industrial y añeja, se han multiplicado por diez. Todos petados  hasta la bandera de jóvenes posh. En ellos, mayoría de camareros y cocineros jóvenes españoles en pleno destierro. Parecía La Latina.

El buen tiempo acompañaba y como daban cerveza gratis, se montó un buen botellón en el gran exterior del centro de arte. Viniendo de donde vengo, todo este festival de modernillos y gente guapa, se me antoja irreal, acabado, pero no aquí, que sigue dando sus frutos y el gran artista de marras ya había colocado al mitad de los cuadros. Capitalismo para que os quiero.



Las obras expuestas: unas naturalezas muertas pintadas con loros y mariposas, un poco de Francis Bacon, Ramón Gaya o Ives Klein y los estarcidos de mi cuñada en la pared del cuarto de sus hijos. Chipén.

Mientras en otra sala, unos balones de Nivea bicolores y enormes flotaban en el aire gracias a unos ventiladores en la base. Unos chavales gafapastas sufrían para colocarlas de nuevo en su sitio, pues se escapaban todo el rato de la instalación. Ver para creer. En otra sala, a oscuras y en bucle, películas en vídeo de un Bruce Nauman, que plantaba en su estudio, las bases del perfo contemporánea hace ya más de treinta años.

Ya digo, irreal como la vida misma.



Título sacado de Cris Lagoma (tiene un blog nuestra querida autora de Arizona).
D.