6.17.2011

Roja


Como siempre, todo comenzó con la colocación del arnés y el dildo, con el descoloque del vino, y sin la ropa.

De rodillas la una frente a la otra, nos besamos. Me pediste que te pegara, pero no con palabras. Te pegé, más que una simple bofetada. Más besos y más bofetadas. Me pediste que te rompiera el labio y dirigí mi palma a tus palabras, a tu boca, que me volvía a pedir que la marcara con el puño. Cerré la mano, para dar otro paso más, y busqué tu boca con un golpe seco. Te rompí el labio, abrí la herida por la que escapó tu deseo, rojo, líquido… y mi lengua se alimento de él.

Cubrí el dildo con crema, preparada para penetrar, profundamente. Tú a cuatro patas, y a dos pasos de recibirme. Mientras el dildo se escondía en tu coño. El dildo salió y mi mano entró, curiosa de sentir la nueva herida. Los dedos salieron llenos de nuevo deseo, rojo, líquido… excitada te los enseñé, diciéndote: “así de roto tienes tu coño ahora”.

Tu coño roto, tu labio partido.
Heridas, entradas como inputs que nos conectan al placer de querer(nos) más.

De EV.
D.

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