11.01.2010

Red social


Vigoroso retrato de un presente basado en la emulación, donde las relaciones humanas y las emociones han dejado de ser azarosas para convertirse en provechosas. Radiografía de un mundo que persigue el triunfo a cualquier precio, a pesar de tu lugar de nacimiento, de tus posibles o tu talento. Un narración sobre las traiciones, derrotas y patetismos del poder, construyendo una lectura de emprendedores como Mark Zuckerberg como sociopatas capaces de las mayores grandezas y vilezas para que su proyecto llegue a su completo desarrollo.

La red social que crean, quizá se trate de lo menos relevante de este film, sólo importa por que es usada por la friolera de 500 millones de personas (y subiendo), una abultada cifra de seres humanos que ciertamente podrían vivir felizmente sin ella. Lo que queda es la descripción excelente, y sin embargo genérica, de como se inventaron la mayoría de las cosas inútiles que consumimos de un país, donde vencer (o vender) es lo primordial. Y como la sociedad entera parece premiar, apoyar o incluso supervisar a esos seres sin escrúpulos capaces de incluir cocaína en una bebida azucarada o alquitrán y amoniaco en un cigarro liado.

Facebook, que al paso que va llegará ser mañana el mismísimo sistema operativo de nuestros ordenadores, paradójicamente: no sirve para nada. No es más que la construcción de una necesidad inducida por su propia capacidad de enganche. Es, en la práctica, el mayor videojuego del mundo. Tan adictivo como metafórico, el discurso sobre el Facebook nos representa como una sociedad fustrada y ávida de vivir aquello que no somos. Como una tabla de salvación sobre nuestro propio patetismo: Agrégame, por favor...
D.

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