4.07.2009

La vuelta del cine

Me sorprende como un serie de películas yankis que he visto últimamente, excelentes guiones, basados en conmovedores e impactactes argumentos (la mayoría tomando hechos históricos recientes y para muchos aún en la memoria), que no destilaban ningún tipo de emoción. Por no decir que eran tan increíbles y mentirosas como la mierda esa del 23F que se inventó TVE para chuparle la polla al rey.

Sin duda se trataba de que precisamente por ser tan buenos guiones, tan perfectos, tan puros, habían llegado a no tener apego a las emociones que deberían emanar naturalmemente de ellos. Milk, Slumdog millonaire o El desafío: Frost contra Nixon son films que podrían intercambiarse perfectamente entre sí. Y esa es la paradoja.

Los guionistas han hecho buen trabajo de intriga (las tres pelis conmueven y se beben de un trago), pero se han basado tanto en los conflictos de personajes arquetípicos, despojándolas de lo histórico, que parece como si hubiesen utilizado lo real como si de un mero decorado se tratase. Esos barrios pobres de la India, podrían ser las favelas de Río y la historia no cambiaría sustancialmente. La lucha de Harvey Milk podría ser la defensa de la energía nuclear y su asesino un hippie enloquecido y el drama humano sería el mismo. O si Frost contra Nixon, contase como El gran Wyoming entrevistó a cara de perro a Pedro J., nos saldría una película muy similar. Sólo intercambien los personajes y modifiquen algún hecho histórico superficial.

En cambio, hemos visto dos pelis: Gran Torino y El Luchador, donde el cine se abre paso de nuevo. Y lo hace además, contando desde el lenguaje común del género, contando unas historias únicas y eternas, bellas y reales. Y en su falsedad, irrepetibles.
D.

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1 comentarios:

Blogger Unknown ha dicho...

El luchador me decepcionó un pelo, pero Gran Torino es una joyita pa' cagarse la pata abajo.

martes, abril 07, 2009  

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